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Nada se entrega sin verificar
«Debería funcionar» no es una entrega. Antes de deciros que algo está hecho, lo hemos ejecutado contra vuestros datos reales y hemos comprobado el resultado.
Cómo trabajamos
Venimos de fabricar producto físico, donde una pieza mal medida se convierte en un contenedor devuelto. Esa disciplina es la que aplicamos al software.
Reglas de casa
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«Debería funcionar» no es una entrega. Antes de deciros que algo está hecho, lo hemos ejecutado contra vuestros datos reales y hemos comprobado el resultado.
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Si una fecha se va a incumplir, lo sabréis cuando lo sepamos nosotros. Lo que no vais a recibir es una entrega que parece terminada y no lo está.
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Los sistemas fallan. El problema no es el fallo, es enterarse tarde. Todo lo que construimos avisa cuando algo no ha ido bien, en lugar de continuar en silencio.
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El código y los datos son vuestros, documentados para que otro equipo pueda continuar. Queremos que sigáis por lo que hacemos, no porque no podáis salir.
Un sistema que no puede explicar de dónde sale un número no sirve para decidir. Sirve para tener una opinión más rápido.
A quién servimos
Un fontanero tiene el mismo derecho a un sistema que una multinacional. Lo único que cambia es la complejidad del proyecto — no la calidad de lo que se construye, ni la tecnología que lleva dentro.
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Una o dos cosas que te comen el día: los avisos, las facturas, los mensajes que se repiten. Se resuelve rápido y se nota la primera semana.
Aquí el diagnóstico es corto y el sistema entra sobre lo que ya usas — el móvil, el correo, la hoja de cálculo. No hay implantación ni formación: si hace falta un curso para usarlo, lo hemos hecho mal.
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Varias áreas que se pisan: administración, almacén, comercial. Lo que duele no es cada tarea, es la costura entre ellas.
Aquí el mapa importa más que la tecnología: hay que decidir qué se automatiza primero y qué se queda con las personas. Suele empezar por un área y crecer por donde el propio sistema demuestra que compensa.
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Varias sociedades, varios países, normativas distintas y sistemas que ya existen y no se van a tirar.
Aquí no venimos a sustituir nada: venimos a poner agentes encima de lo que ya tenéis, con trazabilidad hasta el origen porque alguien va a auditarlo. Es más trabajo de integración que de construcción.
Cómo se paga
El modelo de siempre va al revés: pagas una implantación grande, esperas meses a ver algo, y encima pagas licencia aparte. Nosotros no podemos cobrarte eso porque no tenemos ese coste: no empezamos de cero contigo, empezamos de todo lo que ya hemos construido. Si a nosotros no nos cuesta por adelantado, no hay razón para que te lo cueste a ti.
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Ni implantación, ni licencia, ni proyecto cerrado. No firmas un desembolso: firmas una cuota.
El modelo clásico te pide decenas de miles antes de que veas nada funcionando, y te deja atado a que salga bien para justificar el gasto. Aquí el riesgo lo asumimos nosotros: si el mes que viene no te compensa, dejas de pagar.
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No es un extra ni una barrera de entrada. Empiezas a pagar el día que empezamos a mirar, y de ese mes ya te llevas el mapa de tu operación.
Si después del diagnóstico decides no seguir, has pagado un mes y te quedas con el informe, que te sirve igual para pedir presupuesto a otros. Nos parece más justo que cobrarte una consultoría aparte, y más honesto que regalártelo y recuperarlo escondido en el precio.
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Diagnóstico, sistema, operación, mejoras y soporte. No hay «mantenimiento» aparte ni módulos que se facturan cuando ya dependes de ellos.
Lo que no vas a ver: precio de primer año que se duplica al segundo, módulos que aparecen justo cuando ya no puedes salir, ni horas de consultoría facturadas por encima de lo acordado. Si el alcance cambia, se habla antes — no en la factura.
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Construirlo es la parte barata. Lo caro es que siga funcionando el martes que viene, y que se adapte cuando cambie tu operación o la normativa.
El sistema y los datos son tuyos, documentados para que otro equipo pueda continuar. La cuota no compra el software: paga operarlo, vigilarlo y mejorarlo. Por eso no hace falta permanencia — cada mes tenemos que volver a merecerla.
Compromisos
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Si en la llamada de encaje vemos que no te compensa, te lo decimos ahí mismo y no te hacemos perder más tiempo.
Si en la llamada vemos que tu operación no da para un sistema que se pague solo, te lo decimos y te ahorras el proceso entero. Perder una venta duele menos que ganar un cliente descontento.
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Cada fase termina en algo que te llevas: un documento, un sistema funcionando, una cifra verificada. Nunca «avances».
Al final de cada fase hay algo tuyo: el informe es tuyo, el sistema es tuyo, los datos son tuyos. La cuota mensual no compra el software — paga que funcione, que se vigile y que siga mejorando.
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Sin permanencias ni letra pequeña. Si el trabajo no te convence, se para y punto. Nuestra mejor cláusula de retención es el producto.
Sin permanencias, sin penalizaciones, sin letra pequeña. Cada fase se decide al terminar la anterior. Nuestra cláusula de retención es que el trabajo te convenza.
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